Shaila Chulani

Por favor, corrígeme si me equivoco. Es difícil hablar de una persona con amor, describirla y no equivocarte.  Más aun cuando su juventud no deja más opción que asociarla a la casilla de las “jóvenes promesas”; esas que lo tienen aún todo por vivir, todo por experimentar, todo por dar, por vivir. Por esto me voy a ayudar de la metáfora, este maravilloso recurso que los cocineros jamás tendremos para cocinar, pero que tan fácil es de entender si eres capaz de soñar usando tu paladar mental. Shaila es así como un pastelito que se creía de chocolate…y por supuesto es muchísimo más.

Shaila, el pastelito que se creía de chocolate

Qué color más bonito tengo, meditaba con regocijo un pastelito reflejado en el cristal de su vitrina expositora.

Seguro que mi sabor es fantabuloso. Me siento tan mullido y esponjoso, sé que en mi interior hay una o varias cremas con crujientes salteados por todos lados. Sin duda estoy equilibrado y aunque tengo altura y mi base es corta tengo un excelente equilibrio, lo noto cada vez que abren y cierran algunas de las puertas de esta nevera donde estoy. Y este fresquito que siento es mi fuente de juventud, me siento así: fresco y en mi momento. Soy un pastel, ¿Que más podría pedir? Bueno si, que me elija pronto un amo y me haga suyo total. Todo el mundo sabe que los pastelitos alcanzamos nuestro clímax en la boca de nuestros amos, mientras nos mastican y saborean. A mí, me gustaría que me masticaran despacito, pero que mi amo fuera de esos glotones de libro que no dejara ni un momento sin expresar sus ganas por mordisquearme un fisquito más. ¡Con pausas, tranquilo, alargando el momento… Ay! Pero esto es ya mucho pedir, si tan siquiera me eligiera una niña hambrienta a la salida del cole y me lo hiciera con ganas y fuerza, intenso, pero sin mimos…lo único pediría que no tenga aparatos en los dientes…dicen que si te quedas allí atrapado puedes tener la desgracia de conocer algún resto de mortadela y claro, la sublime sensación de clímax desaparece. ¿Y si en vez de mortadela fuera un cacho de jamón york?  En esta vitrina todos sabemos lo que les pasa los sándwiches y baguettes rellenas cuando salen de aquí: ¡van directos a la plancha!!! ¡AY! Yo no quiero que me ocurra nada así, no estoy preparado. Mi estructura no aguantaría el calor, me descompondría…decididamente no estoy hecho para ser pasado por la plancha, ¿no debo tener miedos imposibles de cumplir no? ¿O sí? ¿Por precaución tal vez? Esto lo repiten mucho por ahí: no te fíes, lo que hoy es un puchero mañana puede llegar a ser una ensalada con mariscos. Son los devenires de la gastronomía, todo el mundo sabe que la gastronomía es la ciencia religiosa de todos los pastelitos, y bueno…en resumen la gastronomía es la ciencia de todos los alimentos, nuestro dios, mi dios. Gracias a ella soy como soy y me han cocinado como me han cocinado, atrevido, inquieto, curioso y sabroso. ¡Aún recuerdo como si fuera ayer, bueno, realmente ocurrió ayer por la mañana!  cuando llegaron al obrador de pastelería los gurús y escuché lo que decían de mí: “Fíjate que bien ha inflado, las levaduras han hecho un efecto aun mayor de lo esperado, debe de ser las semillas esas nuevas que le pusimos. Quizás han sido un aporte extra de algún tipo de azúcar o grasa o proteína y la levadura al tener más alimento dio más gases y de ahí el tamaño”. No puedo decir que entendiera mucho lo que decían, pero su entusiasmo era evidente y el tono de la voz y las risas y los cuentos de planes futuros, que ya no me interesaban tanto me indicaban que podía estar tranquilo, salí bien, no hay miedo a preocuparse. Todo el mundo sabe que lo peor que le puede pasar a un pastel es quedarse sin frescor y que te salgan mohos, cualquier moho es chungo, no vende. Todo el mundo odia a los mohos y cuando los detectan no ven beneficiosas pseudopenisilinas, como vemos los futuristas …sino que ven basura, y te tratan como tal. Pero que me traten como basura no es lo peor en esos casos. Todo el mundo sabe que los pastelitos con moho que no consiguen el objetivo del clímax sufren, y no sufren como todo el mundo, no, es mucho peor, el sufrimiento es pasteloso y empalagoso, sucio. Sin palabras que puedan expresarlo. Muy pocos dulces ni pasteles han podido regresar de su mal estado mohoso para contarlo. Gracias a unos pocos flanes de coco y de piña, que en sus momentos más trágicos fueron hábilmente rescatados por el gurú y les hizo un “Tecnológico”, así lo llamamos nosotros con dulce cariño. Un tecnológico ocurre cuando te aprovechan en tus momentos finales de vida y te regalan una segunda oportunidad de alcanzar el clímax. Básicamente, lo que ocurre es que te vuelven a cocinar utilizando tecnología moderna. A aquellos flanes de piña y coco el tecnológico que dicen les aplicaron fue el pasarlos por una “thermomix” a una temperatura de 90ºC durante 5 minutos a velocidad 2 y al acabar este tiempo, turbinar a máxima potencia durante un minuto más y en estos últimos momentos subir la temperatura a 100ºC. El líquido resultante se dosifica en bolsas al vacío de 100 ml cada una, se termosella sin aire y se vuelven a sumergir en un baño maría de agua caliente a 85ºC durante una hora más. Pasado este tiempo se enfrían en agua helada y se mantiene una o dos bolsas listas para consumo en frio y se congelan las otras para usarlas en el futuro. ¡Ay!!! Qué bonita ensoñación…esta de que te puedan mantener en el congelador siempre muy muy fresco óptimo para el consumo de cualquier amo en cualquier momento. Sin embargo, todo el mundo sabe que los flanes ya no se comportaban como antes, cuando aparecían por aquí de nuevo se mantenían distantes, iban y venían sin parar, metidos dentro de biberones plástico, muy coulants, aligerados sin tanta sustancia ni chicha como tenían antes. Además, ya eran imposibles de morder, ¿cómo alcanzarían ahora el clímax? los habían convertido en salsa dulce y hasta le habían cambiado el nombre, ahora les llamaban: salsa piña colada y caramelo. Antes como flanes no es que tuvieran mucha consistencia para morder, pero algo es algo y todo el mundo sabe que la lengua también muerde, en resumen, versión líquida no son lo mismo. Y yo soy un pastel con mi base bien asentada en este cómodo blíster dorado, es muy peligroso albergar en mi corazón la idea de que puedo esperar aquí cómodo y fresquito, compartiendo mis ensoñaciones, ensoñado con la hipotética oportunidad de que me apliquen a mí también un tecnológico y con la suerte además de que salga mejor parado, no sé, no lo tengo del todo claro, mucho riesgo. ¿Mucho riesgo para un pastel? Por lo menos ahora tengo la cabeza despejada ¡libre de algas! Está fuera de mi control, dependerá del día que tengas mis gurús. Ayer estaban muy contentos…pero hoy no los he sentido en todo el día. Son cambiantes y totalmente imprevisibles, la única realidad evidente y pronosticable a mi alrededor es que a los rosquetes de ahí detrás le ha salido “un verde” (hongo verde) en la base de la torre, seguro que la culpa la ha tenido alguna gota de agua residual, de esas provocadas por la humedad y el abrir y cerrar de las puertas durante todo el día. Cuando “la depen” (por la dependienta de dulces) los descubra los tirará a la basura, ella no tiene ningún gramo ni mililitro de compasión y por si fuera poco es escrupulosa; un día le dijeron que todos los mohos son malos en una charla de formación y se lo creyó.  Es muy duro estar bajo los designios de alguien que se cree algo que otro alguien le cuenta por el simple convencimiento de que “él sabrá más que yo”. A aquellos flanes de piña y coco el tecnológico que les aplicaron fue duro, pero hay están y los están usando como complemento, son una salsa. ¿Realmente qué se yo de ser una salsa? ¡Nada!!! ¡Guau un mundo nuevo a descubrir!!!  ¡Ay!!! Qué bonita ensoñación…esta de que te puedan mantener en el congelador siempre muy muy fresco óptimo para el consumo de cualquier amo en cualquier momento. Sin embargo, yo soy un pastel con mi base bien asentada en este cómodo blíster dorado, es muy peligroso albergar en mi corazón la idea de que puedo esperar aquí cómodo y fresquito a una hipotética oportunidad…. Dependo si o si del día que tengas mis gurús. Ayer estaban muy contentos…pero hoy no los he sentido resollar en todo el día. Son cambiantes y totalmente imprevisibles, la única realidad a mi alrededor es que algún rosquete de ahí detrás le ha salido “un verde” (hongo verde), seguro que la culpa la ha tenido una asquerosa gota de agua sucia. A mí no me da miedo ese hongo malo…porque está lejos de mí. O quizás la culpa fue del rayo de sol que se cuela a las seis, les toca directamente a ellos. Será combinación de más de un motivo, siempre es igual. Sin dudas “la depen” los tirará a la basura. Y, Además, hay otra inseguridad con eso de que te apliquen un “tecnológico” que no me mola nada de nada… porque todo el mundo sabe y además, lo comentan abiertamente, que los flanes de coco y piña ya no son lo que eran en absoluto, algo les cambió. Según dicen algunas barras de pan ancianas, esas barras de pan que tienen un lugar privilegiado para observar … porque siempre las ponen a la venta en alto, y no solo con perspectivas sino además con espejos cerca que les ofrecen extras de visión… Esas barras de pan saben lo que dicen, son sabias, ellas contienen la levadura madre de más de mil años. Ay, yo sé que no tengo esa levadura en mi interior, escuché a mis gurús decir que me habían mezclado algo con no una, ni con dos sino tres tipos de levaduras diferentes, una química y las otras dos experimentales. Y claro, lo que ellas dicen es que, en el thermomix, en el momento de la cocción, además de los flanes añadieron otros ingredientes: ¡unas algas!!! ¿Unas Algas? ¿Algas marinas del puto mar? Esto sí que me da miedo, alguna crema se derrite dentro de mí al pensarlo. Dicen que esas algas se llaman agar-agar y no aportan sabor, sino que con la temperatura determinada adquiere unas propiedades gelatinosas y coagulantes geniales para conseguir salsas untuosas, ligadas tanto en frío como en caliente y además con un brillo especial. ¿Será un brillo marino? ¡Qué horror!! En cualquier caso, los pastelitos como yo no quieren saber nada del mar ni de sus sabores sobre mi piel. No somos muy compatibles, el mar siempre ha sido más de rosquetes y de bizcochones, los tocinos de cielo y los merengues que no han sido bizcochados no son muy amigos del mar, mucho menos de las playas de arena. La verdad, espero que nadie me compre para comerme en una playa, solo de pensar en caerme en la arena por un descuido y que me abandonen allí mismo al sol me da escalofríos. Todo el mundo sabe que a los pastelitos cuando les dan escalofríos su sabor se acidifica y esto también es muy malo para mí. Porque si en vez de saborearme me escupen de asco, joder, sin clímax y sin nada de nada, sería un final sin sensación placentera y esto sí que me pone de los nervios. Porque si estoy aquí, aquí cantando, esperando a que la tensión se me suba al mambo es para ver y creer que en esta vida tolerancia cero a prohibir es lo que quiero llegar a ser. Y los pastelitos como yo tienen un sabor característico. Característico de los que a veces huyen de sus miedos, afrontar es más duro que huir, porque el huir quizás lo puedes llegar a planificar brevemente…. y en el afrontar, es una suerte, una gran suerte …si consigues planificar brevemente algo, alguito. ¿Y qué es eso? ¡AY, Ay!!! ¡Que sí!!! ¡Que sí!!! ¡Sí!!, ¡Si, ¡Si, Si!!! ¡Ese dedo índice grande y gordo, con uñas limpias y bien arregladas, si, si, si!!! ¡Qué ilusión!!! ¡Ay! ¡Que sí!!! Sí, sí, sí. ¡Ese dedo me está señalando a mí!!! Un amo, ¡qué pronto, qué bonito, por fin!!!!

¿Es de chocolate? Se escuchó decir por una voz grave melodiosa profunda con sentimiento de deseo…con una entonación tan perfecta y armoniosa, una voz de hombre tan bella y tan golosa…

No. Respondió a secas “la Depen”.

Es de agar-agar o algo así, un alga. Sentenció.

¡Ah! Pues entonces no lo quiero, contestó el señor con una voz carente de motivación y de esperanza.

¿No soy de chocolate? ¿Que no soy de chocolate con este color? Pero yo, yo, yo siempre pensé que era de chocolate, no entiendo nada. Ay, ay, ay… ¿de qué soy yo? ¿Soy de algas? Ay, ay, ay…si no soy de chocolate, con este color ¿quién me va a querer a mí?

Fin, primera parte. Esa jornada el pastelito no se vendió. En más de una ocasión fue señalado, observado, alabado y requetemirado, pero nadie lo terminó comprando. El pastelito durmió esa noche en la oscuridad más fría del mundo, esa que se vive con el corazón roto. Sobran palabras, todas las que describirían la situación duelen y todo el mundo sabe que cualquier pastelito siempre albergará dulzura en su corazón. Esa noche los sueños fueron pesadillas, de repente los miedos eran reales.

Segunda Parte:

El gurú abrió las puertas de la pastelería y cantando se afanaba en las tareas de puesta a punto. Enseguida entró una hermosa mujer con leggins marcando figura, claramente venía de hacer deporte por las marcas de sudor y las mejillas rojas infladas de sangre, como cuando estás haciendo tal cual y por supuesto, esos colores la hacían aún más bella… Se acercó a la zona de los bocadillos y sándwiches inclinándose para escudriñar en la vitrina qué iba a pedir… y de repente dijo:

-Buf!! ¡Tengo un hambre!!! Pero no lo tengo claro… ¿Aun no habéis cocinado los integrales de vegetales y ensalada? Preguntó mientras seguía rebuscando con la mirada.

-En 30 minutos estarán listos… se escuchó decir.

-Tengo hambre y prisa ¿No tienes nada vegetariano para mí?

-Sí, tengo una receta experimental dijo el gurú señalando el pastelito (el pastelito de esta historia, es decir… imagínalo abatido y que ha perdido un poco de tamaño, pasó lo la peor no che de toda su vida…)

-No me gusta el chocolate. Respondió ella.

-No es de chocolate, no, no, no…nada que ver, es un súper alimento. Dijo el gurú.

No es una elaboración vegetariana, pero casi. Es una receta experimental de mi hermano, que también es pastelero y compañero de trabajo. Su idea es conseguir una receta de pastelito que sea capaz de aportar energía sin restar sabor. Algo ya muy masticado, pero que él enfoca desde otro punto de vista. Sin azúcar, edulcorado con estevia, sin gluten de trigos sucios de pesticidas, con trigo de semillas antiguas sin modificar genéticamente. Además, usamos tres levaduras diferentes, para que las semillas de chía, las de rabanillo y las de lino que previamente habíamos germinado 3 días, secado y tostado como hacen con las cervezas, generaran azúcares fácilmente asimilables por el organismo. El color tostado, como de chocolate, es fruto de esta reacción y de la mezcla de gofio 5 cereales con mantequilla aligerada de cabra, ya que esta es la única mantequilla que una vez clarificada aporta un sabor, brillo y tensión que le dan ese volumen…y sabor a queso, sin contenerlo. En el interior añadió grosellas, arándanos y uvas pasas de tres tipos sultanas, moscatel y de una variedad Km0 negramoll. El agua que usamos no estaba solamente filtrada y oxigenada, además se preparó con ella una infusión en frío en la que además de las hierbas edulcorantes, añadimos damiana, té canario, melisa, pasote e hinojo, que es un tipo de anís salvaje que crece en la finca que está allí. Los huevos siempre usamos los de la casa, camperos, mezclados con perejil y rúcula. Y por si fueran pocos ingredientes mágicos, añadimos algas de dos tipos: el agar-agar, que se consume desde el imperio romano y el alga espirulina, la cual tiene propiedades hipersaludables que se multiplican al estar en combinación con el resto de ingredientes.

-Qué bien lo has vendido, lo compro.

-Permite que te lo regale, eres buena clienta de nuestra casa, seria genial que lo probaras, ahora que tienes hambre y nos dieras tu opinión, por favor.

-¡Ñam!   ¡Está delicioso!! Uhmmmmmm! Delicioso. Me recuerda un clímax. Gracias.

Por: Carlos Gamonal

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