Carmen Pérez

Carmen, ese nombre que si buscamos sus orígenes nos lleva a dos vertientes, una hebrea y otra del latín y que en ambas, reconocen que las mujeres que ostentan este nombre son independientes, mujeres de las que se forjan su hoy y su mañana, y tengo que decirlo, ¡así es ella!.

Una mujer que se edificó a sí misma, que se mostró por cuál era el camino que iba a recorrer y cuando lo haría, con unas claras señas de independencia, con una gran autodeterminación como pocas mujeres de las que he podido conocer.
Su trayecto en la cocina empezó cuando era una chiquilla, contaba con nueve años, cuando por circunstancia de la vida, tuvo que aprender de su hermana mayor el oficio de la cocina para poder elaborar la comida a su padre.

Llena de un especial amor al arte culinario, Carmen apenas cumplió los diez y ocho años se muda a Madrid, maleta en mano y llena de coraje y esperanza a la vez, se buscó la vida y, la vida la encontró en sus fogones, enamorada del oficio que formó parte de su infancia y del que guarda especiales momentos entre los juegos de su edad y las responsabilidades que tuvo que hacerle frente.

Madrid pronto se convirtió en su nuevo centro de aprendizaje gastronómico dándole continuidad a lo que su hermana había sembrado en ella.

A pesar de que las vicisitudes no faltaron, tomó el riesgo, como todo en su vida, de emprender en el 2014 la gran aventura de tener su restaurante, abriendo las puertas para atender a sus comensales, esos que ha logrado fidelizar con su cocina, esa que aprendió en su andar, y de la cual puede dar fe de ser una cocina hecha con amor y salpimentada con mucho tesón, esa es Carmen Pérez ¡una mujer que yo conozco!.

Por: Moisés Trujillo

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